En Nápoles, Raimondo di Sangro tenía mala reputación debido a sus experiencias sobre el cuerpo humano. Podemos creer que tales acusaciones carecían de fundamento, pero no es menos cierto que todavía hoy sentimos una extraña impresión en la capilla de su palacio. Está colindante con éste, y en la sacristía se conservan los restos del antiguo gabinete de anatomía. Además de los monumentos funerarios de la familia, la capilla, suntuosa, está adornada de estatuas, sorprendentes de cualquier manera, pero más aún cuando se sabe que están junto a un gabinete de anatomía. Tienen el aspecto de cadáveres frescos, recubiertos por sudarios finos y mojados que forman pliegues. Parecen esperar, en la más moral de las hipótesis, el escalpelo del anatomista. También podrían servir para alguna perversidad macabra de algún aficionado rico.
Philippe Ariès, El hombre ante la muerte.
Esta entrada fue publicada el Miércoles, 3 de diciembre de 2008 a las 23:32 y está archivada en la categoría Citas. Puedes seguir los comentarios a través del feed RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.
Impresionantes y de gran belleza. No es de extrañar que tuviera mala fama, ya que la Iglesia siempre ha visto con malos ojos profundizar en el conocimiento anatómico, entre otros.
(Viernes, 5 de diciembre de 2008 a las 0:30).Me alegro de que coincidamos en esta apreciación.
Abrazos y salud, Predicador.